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domingo, 27 de marzo de 2022

Esculturas criselefantinas en Salamanca (por Alba Perez Romero)

En la ciudad de Salamanca, a 200 km de Madrid, se encuentra la Casa Lis, Museo del Art Nouveau y del Art Deco, que alberga una maravillosa colección de 122 pequeñas esculturas decorativas “criselefantinas”, esto es, cuya factura combina el marfil con otros materiales como oro, bronce, madera o mármol. Las criselefantinas Art Nouveau suelen representar personajes mitológicos, estereotipos orientales o figuras femeninas retratadas a medio camino entre la realidad y la fantasía. Por su parte, frente a las líneas curvas y la sinuosidad orgánica propia del Art Nouveau, el Art Déco opta por las líneas rectas y los volúmenes geométricos. 

A continuación, una selección de tres piezas Art Nouveau: 

Bailarina de Tebas, por Claire Colinet,
Amantes, por Ernst Seger,
y Baiilarina rusa, por Paul Philippe,
y otras tres piezas Art Deco: 

Josephine Baker, por Karl Hagenauer,
Bufones, por Roland Paris,
y Bailarina, por Theo Vos.

viernes, 3 de abril de 2020

No es una lámpara, es una corona! (por Alba Perez Romero)

Tanto en el Museo de la Edad Media de Paris (ex Cluny) como en el Arqueologico Nacional de Madrid podemos observar ejemplos de coronas visigodas, que eran entregadas como exvotos para su colocacion sobre los altares. De alli que cuenten con cadenas para ser colgadas, que algunas tengan tambien colgantes (llamados pinjantes) con forma de cruz, y que cuenten con inscripciones referentes al poseedor. 



Entre ellas se destaca especialmente la corona de Recesvinto, monarca del reino visigodo de Toledo entre 653 y 672, magnifico ejemplo de orfebreria de tradicion bizantina realizada en oro, perlas y cabujones (piedras preciosas no talladas sino pulidas). 



La corona es una de las piezas del llamado Tesoro de Guarrazar, hallado en esta localidad, a 11 km de Toledo, en 1858 y 1861 y si bien primero fue exportada a Francia, regreso a España en 1941 donde se la expone en el Museo Arqueologico Nacional de Madrid


domingo, 26 de enero de 2020

Wallada, princesa y poetisa. (por Alba Perez Romero)

Cinco retratos de mujeres llenan las paredes de la Sala de las Mujeres de la Casa de Sefarad, en la ciudad de Córdoba, España. Son obra del pintor contemporáneo José Luis Muñoz y se percibe en ellos una peculiar estética que evoca tanto el simbolismo como el renacimiento. 




Y una de las mujeres retratadas por Muñoz es Wallada, princesa de la dinastía Omeya, toda una mujer "fatal", bella, culta e independiente, famosa por su tormentoso idilio con el poeta Ibn Zaydun, máxima figura de la lírica amorosa de su tiempo. Y ese "tiempo" se remonta a mil años atrás, en plena Edad Media, y hacia la misma época que la poesía trovadoresca también "arrasa" en las cortes de Occitania.






Wallada, “la que alumbra”, era en efecto hija del califa omeya de Córdoba con una esclava cristiana. Rubia, de piel clara y ojos azules, Wallada ama la poesía, y borda sus versos  en las orlas de sus túnicas con hilos de oro. Al morir asesinado su padre, y con apenas 17 años, adviene su única heredera, lo que le brinda la posibilidad de abrir un salón literario donde las competencias poéticas entre hombres y mujeres desafían las convenciones sociales de la época. Allí, justamente, en uno de esos certámenes, lo que empezó como un choque de vanidades con Ibn Zaydun, un intelectual elegante y atractivo, se transformará rápidamente en un amor tempestuoso, reflejado por los recíprocos poemas que se dedican los amantes, y que relatan la historia desde la impetuosa sensualidad de su amor inicial hasta la traición de Ibn Zaydun, y la cárcel y el exilio que sufrirá en consecuencia.



Unos 350 metros más al sur, en dirección hacia el Guadalquivir, el Monumento a los Amantes, levantado en 1971, representa tan solo con la forma de dos manos que apenas se rozan, los placeres y desdichas del amor. Un poema de Wallada y uno de Ibn Zaydun, ambos en castellano y en árabe, evocan su romance, versificado con pasión, hace más de mil años.





jueves, 22 de agosto de 2019

El rubí del príncipe negro, una espinela nazarí (por Alba Perez Romero)

El rubí del Príncipe Negro. Tal el nombre con el que se conoce la magnífica piedra de 170 quilates que desde 1838 se encuentra engarzada al frente de la Corona Imperial del Reino Unido, objeto que por cierto puede admirarse dentro del conjunto de insignias reales de la corona británica en la Torre de Londres y que sólo es usada a la conclusión de las ceremonias de coronación y anualmente para la apertura de las sesiones del Parlamento. 


Pero en realidad, punto 1, no es un rubí, y punto 2, su historia va mucho más allá de 1838, y los lugares y dinastías que conecta van desde Afganistán o Tailandia a Granada y Sevilla, de los sultanes nazaríes a la rama castellana de la casa de Borgoña, y de los Plantagenet a la guerra de las dos Rosas, los Tudor y Victoria de Hanover.
Vamos al relato. Dijimos que no es un rubí. Entonces qué es, con ese rojo tan intenso? Una espinela, una piedra semipreciosa, de variados tonos, de los cuales el rojo era el más admirado en la Edad Media, y cuya historia se pierde en la leyenda, en lugares tan lejanos como lo que hoy son Myanmar (Birmania) o Tailandia o más probablemente, las montañas de Afganistán. Y no es la única espinela célebre. Hay otra, igualmente magnífica, de origen chino, engarzada en la corona imperial rusa diseñada para la coronación de Catalina II en 1762 (y que también puede admirarse en el Fondo de Diamantes de la Armería del Kremlin en Moscú)

Pero volvamos a nuestro “rubí” del Príncipe Negro. Como sea, a mediados del siglo XIV la piedra aparece entre las joyas del reino nazarí de Granada, y aquí empieza una historia que comprende exilios y asesinatos, alianzas y traiciones. 

En efecto, en 1354 en Granada, en cuya Alhambra residían los monarcas nazaríes, Mohammed V es depuesto y reemplazado por Ismael II. Pero poco después Ismael II es asesinado por su propio cuñado, quien asume el poder como Mohammed VI, apodado, por ser pelirrojo, “El Bermejo”. Mohammed V resuelve entonces emprender la recuperación de su trono y entonces ahora es Mohammed VI quien parte con rumbo hacia la corte de Pedro I de Castilla, llevando entre otras joyas, este rubí, a fin de requerir su protección. 
Pero resulta que Pedro I ya había comprometido su ayuda a Mohammed V, con lo que, habiéndose presentado en el Alcázar de Sevilla (donde residía Pedro), Mohammed VI y su séquito terminan asesinados y las joyas en poder de Pedro I y por ende, de la Casa de Castilla, rama cadete del ducado de Borgoña.
Salon de los Embajadores del Alcazar de Sevilla, residencia de Pedro I el Cruel 




Pero no eran solo los nazaríes de Granada los que atravesaban épocas turbulentas. El propio Pedro, por ejemplo, tenía dos frentes: el externo con Pedro IV de Aragón y el interno, con su propio hermanastro bastardo, Enrique de Trastámara, empeñado en arrebatarle el trono. Todo ello, por cierto, además, dentro del contexto general de la guerra de los cien años entre Inglaterra y Francia. 
Enrique tenía buenas conexiones con los franceses, que a su vez apoyaban a Pedro IV de Aragón, pero Pedro I de Castilla tenía las suyas con los ingleses, y particularmente con el llamado Principe Negro, que era el hijo mayor de Eduardo III de Inglaterra, de la dinastía Plantagenet. (En realidad el apodo de Principe Negro se le dio con posterioridad). Incluso la hermana del Principe Negro, Joan, había estado prometida en matrimonio a Pedro I, pero había muerto a causa de la peste en camino hacia Castilla en 1348. Y efectivamente, cuando Enrique de Trastámara y Pedro I de Castilla se enfrentaron en la batalla de Nájera en 1367, el Principe Negro acudió en auxilio de Pedro, quien le habría obsequiado el rubí a modo de agradecimiento y compensación, con lo que el rubí llega a Inglaterra. 

La batalla de Najera entre Enrique de Trastamara apoyado por los franceses y Pedro I de Castilla, por los ingleses, respectivamente. 


Estatuas orantes de Pedro I de Castilla y del Principe Negro Plantagenet

Para más datos, además, dos de las hijas de Pedro se casarán con los hermanos menores del Príncipe Negro, Constanza con Juan de Gante duque de Lancaster e Isabel con Edmundo de Langley duque de York. (y cuyos descendientes protagonizarán poco después la guerra de las dos rosas)

El rubí que no es un rubí, ya en Inglaterra, será portado tanto por el Príncipe Negro, como por Enrique V en la batalla de Agincourt en 1415 (con la corona sobre el casco) o Ricardo III en la de Bosworth en 1485, donde incluso se perdió. Será subastado en tiempos de la República y adquirido por apenas 4 libras esterlinas, y regresará luego a la propiedad de la corona hasta llegar a los tiempos de Victoria, donde será engarzado en la corona imperial. Desde entonces, la piedra parece haber encontrado un descanso luego de una intensa, violenta, agitada historia.

Una última nota de color (obviamente rojo). En algún momento, al “rubí” se le hizo una perforación con un taladro en la parte superior, para poder llevarlo como colgante. Actualmente este agujerito está “tapado” con un rubí auténtico, tal como se ve en esta última imagen.


lunes, 29 de julio de 2019

Axedrez, dados e tablas (por Alba Perez Romero)


Hay tres tipos de juegos: los de habilidad como el ajedrez, los de azar como los dados y los que combinan ambos, como el backgammon. Ellos representan -tal como argumenta el “prólogo sapiencial" del “LIbro de los Juegos“ de Alfonso el Sabio- "el seso, la ventura y la cordura”.  

Tal la perspectiva con la que el entonces rey de Castilla, Galicia y León comisionó a su Scriptorium la realización del Libro de los Juegos, o más propiamente, de “AXEDREZ, DADOS E TABLAS” de 1283, una de las joyas que alberga la BIblioteca del Monasterio de El Escorial. (Una copia de fecha posterior se encuentra asimismo en la Biblioteca de la Real Academia de Historia, en Madrid)


El libro, redactado pues en lengua vulgar (o sea, en castellano y no en latín),  consta de casi 100 páginas de pergamino maravillosamente ilustradas (o mejor dicho, "miniadas", término que alude al empleo de "minio", rojo de óxido de cobre, para su pintura y de donde deriva la expresión “miniatura”), obra que resulta un magnífico compendio de temática "lúdica" distribuido en varias secciones cuidadosamente organizadas. Bueno, no varias. Siete, número por el que Alfonso tenia una predilección especial.
Aquí lo vemos dictando la obra y en la imagen siguiente, tres monjes trabajando en ella.  



Amén de las figuras del rey dictando y los monjes escribiendo e iluminando los textos, cada sección contiene una referencia e ilustración sobre la fabricación de tableros y piezas, seguida por la descripción del juego. 

En orden, las ilustraciones muestran la confección de tableros y piezas de ajedrez, de dados y de juegos de backgammon.  




El primero, el Libro del Ajedrez, es el más importante, seguido por el Libro de los Dados, y éste seguido a su vez por el libro de las “Mesas”, que describe 15 juegos diferentes, entre los cuales se ubica el “Todas Tablas”, antecesor directo del backgammon.  


Los 103 "problemas" planteados en el libro de Ajedrez son particularmente interesantes, ya que se presentan bajo perspectivas de “vista aérea”, con los jugadores retratados contra unos impresionantes fondos azules, en interiores y exteriores, en tiendas o bajo arcadas de estilo gótico o mudéjar. Además, todo un catálogo de moda medieval se exhibe en dichas ilustraciones, que incluyen diversas etnias y confesiones: cristianos, musulmanes y judíos.











A esas tres secciones principales se añaden luego un Libro de los Juegos Grandes, un Libro de Juegos para cuatro Jugadores, el Libro del “alquerque” (conocido también como juego del Molino o Morris, Mills and Merels), representado en la imagen, y por último un Libro de Juegos Astrológicos.  


Entre los elementos más curiosos de estos libros, señalamos por ejemplo ciertas variantes del ajedrez, como un Ajedrez Decimal (en el que se añade una figura de juez entre las del caballo y el alfil),  el Gran Ajedrez, (en que cada jugador tiene, además de doce peones, otras doce figuras: un rey, un grifo, dos cocodrilos, dos jirafas, dos rinocerontes o unicornios, dos leones y dos torres)


o el Ajedrez de los cuatro tiempos o estaciones (en que el tablero se distribuye entre figuras verdes, rojas, blancas y negras, representativas no solo de las estaciones, sino también de los elementos y los "humores)


Por último, bajo el titulo de “Ajedrez astronómico” se encuentra un juego para siete jugadores, con piezas representativas del sol, la luna, y cinco planetas, y un dado especial de siete lados, sobre un tablero de siete círculos concéntricos divididos radialmente en 12 áreas -cada una asociada con una constelación-, en que las ganancias y pérdidas se definen por la posición de las piezas bajo los criterios astrológicos de conjunción, oposición o cuadratura.









martes, 23 de julio de 2019

La noche templaria y un castillo lleno de libros (por Alba Perez Romero)


La Noche Templaria, evocativa de los Caballeros del Orden del Temple, constituye uno de los eventos mas significativos de la localidad de Ponferrada en la provincia de León, España. Y es que Ponferrada es una ciudad templaria, y no solo eso: era y es la última gran parada de la ruta francesa de los peregrinos a Santiago de Compostela antes de arribar a destino. Y fue justamente por encontrarse dentro de esta ruta de peregrinaje fue que en 1178 Fernando II de Leon entrego la ciudad a los caballeros de la Orden del Temple, como encargados de proteger a tales peregrinos. 




Los caballeros se instalaron entonces en lo que hoy se conoce como el Castillo Templario, construcción cuyos orígenes se remontan a tiempos celtas, romanos y visigodos y que obviamente fue también objeto de multiples adiciones y reformas luego de la disolución de la Orden. 


Pero lo que nos interesa subrayar aquí es que este castillo esta literalmente lleno de libros. En primer lugar alberga una impresionante biblioteca sobre temática templaria de unos 1380 volúmenes, entre los cuales se incluye un facsímil del proceso contra la Orden del Temple, documento cuyo original fuera descubierto en 2001 en los archivos secretos del Vaticano por la investigadora italiana Barbara Frale y conocido como el Pergamino de Chinon, por el lugar donde fue datado, en Francia, en agosto de 1308. Y además, por otro lado, el castillo alberga una exposición titulada Templum Libris, en la que se exponen facsímiles de 250 libros paradigmáticos, como el Evangeliario de San Columba conocido como Libro de Kells, o una colección de 20 “Beatos” (como se llaman las copias del Comentario al Apocalipsis del Beato de Liebana), o el Codex Calixtinus (recopilación que incluye la primera guía de viajes del mundo, la Guia del Peregrino y cuyo original se encuentra en Santiago de Compostela) Un paraíso para los bibliófilos. 



Y en cuanto a la noche templaria, evento que se realiza en el fin de semana posterior a la primera luna llena de verano, ella se inicia con la colocación de la capa templaria a la estatua del Caballero de la Orden en la Glorieta del Temple y se despliega en una recreación que convoca el espíritu medieval en la ciudad entera.





domingo, 28 de abril de 2019

A vos nunca te regalaron un rinoceronte? (por Alba Perez Romero)


Uno de los rasgos más peculiares de la Torre de Belem, ubicada en la desembocadura del rio Tajo y emblema de Lisboa, la capital de Portugal, es una gárgola con forma de rinoceronte. 






Pero no se trata de "un" rinoceronte. No, no. Se trata de un rinoceronte con "nombre y apellido", muy "viajado", ganador de un combate, admirado por reyes y Papas, objeto de cartas, dibujos, grabados, esculturas, porcelanas, escudos y novelas.!!

Su historia se inicia como un regalo, y si vamos al caso, su vida transcurrió como un "regalo" que pasó de mano en mano. Primero el sultán Muzafar II se lo regala a Alfonso de Albuquerque, gobernador de las Indias portuguesas. Y Alfonso de Albuquerque decide embarcarlo hacia Lisboa como regalo para el rey de Portugal Manuel II, que lo recibe encantado. (También le mandó un elefante, pero elefantes, ya tenía como cinco ... ) El animal causó gran revuelo en Europa, suscitando descripciones literarias y dibujos varios, con mayor o menor adecuación al modelo "vivo" ...

Así por ejemplo, cabe mencionar una carta original en alemán a su respecto de la cual se conserva una copia en italiano en la Biblioteca Nacional de Florencia, un grabado de Burgkmair bastante fiel que se preserva en la colección Albertina de Viena, 


y tal vez su versión más famosa, el grabado de Durero que se exhibe en el Museo Británico. 


grabado que a su vez fue fuente de inspiración para el escudo de Alessandro de Medici. 

Cuestión que el rinoceronte se convirtió en una auténtica atracción. Y más aun cuando Manuel I, a fin de comprobar los dichos de Plinio el Viejo en su "Historia Naturalis" acerca de la rivalidad entre rinocerontes y elefantes, orquestó precisamente una competencia entre el rinoceronte y uno de sus elefantes de la que el rinoceronte resultó claro ganador (aparentemente, el elefante se asustó de los gritos de la multitud y salió corriendo). 

Así pues, testas coronadas (y sobre todo, "mitradas") manifestaron su deseo de conocer a este prodigio. Manuel decidió mandárselo de regalo al Papa Leon X Medici, a quien ya le había regalado un elefante con motivo de su coronación. Pero esa es otra historia. Volvamos a nuestro rinoceronte. 

Luego de su éxito en Lisboa, Manuel de Portugal resuelve enviar el rinoceronte al Papa, no sin antes hacer una escala en Marsella, a fin de que el rey Francisco I pueda acercarse a "darle un vistazo". Y solo entonces leva anclas nuevamente la nave rumbo al Papado, a donde sin embargo Ganda (tal el nombre del rinoceronte) nunca llegará ... 

Tormenta y naufragio mediante, engrillado a cubierta, muere ahogado. Su cuerpo es rescatado y rellenado con paja (impagliato dirán los italianos) pero ya no causará la misma sensación. 

Sin embargo, su fama perdura desde la gárgola especialmente diseñada en su memoria en la Torre de Belem en Lisboa, hasta una de las puertas de bronce de la Catedral de Pisa, y desde su reproducción en porcelanas Meissen hasta la escultura evocativa de Dalí que se encuentra en Puerto Banús, en Marbella  






Y Lawrence Norfolk nos relata su historia en la novela "El rinoceronte del Papa" 


Lo que se dice, toda una celebridad.