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domingo, 4 de agosto de 2019

La puerta alquimica de Roma (por Alba Perez Romero)

Hay en Roma, en efecto, una puerta alquimica: Conocida como Porta Magica, fue construida hacia 1680 para la residencia que Massimiliano Palombara, marques de Pietraforte, tenia en el Esquilino, hoy libremente accessible a todo aquel que transite por la Piazza Vittorio (cuya ubicacion se muestra en el mapa).



El marques tenia una autentica pasion por la alquimia, pasion que por otra parte compartia con la celebre reina Cristina de Suecia, la que luego de su abdicacion residia en el palacio Roario, en el que existia incluso un laboratorio alquimico. (hoy el Palacio lleva el nombre de Corsini, y es junto al Palacio Barberini una de las dos sedes de la Galeria Nacional de Arte Antiguo)

Asi pues, la puerta en cuestion responde plenamente a estas inquietudes del marques. Tal como se observa en la imagen, el marco de la puerta, ciega, exhibe un serie de siete signos alquimicos, referidos a planetas y elementos, con textos en latin. 



Las dos estatuas de Bes, divinidad egipcia protectora de los umbrales, proceden de excavaciones realizadas en el Quirinal, y fueron incorporadas en el siglo XIX.

martes, 30 de abril de 2019

Angeles y demonios en la Capilla Chigi (por Alba Perez Romero)

Ubicada sobre la nave izquierda de la iglesia de Santa Maria del Popolo, en Roma, la Capella Chigi advino famosa a partir de la novela Angeles y Demonios de Dan Brown (y la película homónima) ya que en ella se ubica una de las “pistas” de su trama, constituida por la estatua de Habakuk y el ángel realizada por Gianlorenzo Bernini. 






El inicio de la construcción de la capilla se remonta al año 1513, bajo diseño arquitectónico de Rafael Sanzio y fue concluida recién un siglo y medio más tarde por Gianlorenzo Bernini, por encargo de Fabio Chigi, quien advendría Papa bajo el nombre de Alejandro VII en 1655. En la capilla se destacan  especialmente las tumbas piramidales de los banqueros sieneses Agostino y Segismondo Chigi. 





Pero el elemento más significativo para nuestra temática está constituido por la cúpula, realizada en mosaicos ejecutados por el veneciano Luigi di Pace a partir de diseños de Rafael (cuyos bocetos se encuentran en el Ashmolean Museum de Oxford)

El círculo central representa el acto de la Creación, con la figura de un Dios Padre en gesto impetuoso, y rodeado de ocho paneles en los que se representa el sol, el cielo estrellado y los seis planetas conocidos por entonces, figurados por divinidades paganas acompañadas por ángeles y signos del zodíaco, en una peculiar combinación de cristianismo, paganismo y astrología. 






Por último, cabe señalar el pavimento, con una representación de la muerte sosteniendo el escudo de los Chigi, en el que se combinan las armas de los Chigi y las de los della Rovere. De hecho, Agostino Chigi fue algo así como el “ministro de finanzas” del Papa Julio II, y éste le otorgó el privilegio de combinar las armas de los Chigi con las de los della Rovere, el árbol del roble,  de lo que resultó el escudo con el cuartelado combinado.




El blasón de los Chigi está conformado por un campo gules sobre el que se ubican seis montañas redondeadas en oro dispuestas en forma piramidal, con una estrella en la parte superior, que explica el motto  “Splende in cima”, resplandece en la cima. Por su parte, el blasón de los della Rovere está conformado por un campo azur con un roble heráldico desarraigado en oro, con cuatro ramas entrelazándose dos a dos en mandorla, colgando el par interior y elevándose el par exterior; cada rama trae tres hojas y tres bellotas. Esta es un arma parlante del apellido familiar, pues Rovere es el vocablo italiano para roble. 




miércoles, 24 de abril de 2019

El mitreo de San Clemente en Roma (por Alba Perez Romero)


La basílica de San Clemente en Roma es un templo del siglo XII situado a escasa distancia del Coliseo. Pero algunos de los elementos más destacados de este edificio no son visibles a primera vista, sino que se encuentran “escondidos” en el subsuelo.


            En 1857, el dominico irlandés Joseph Mullooly –en aquellas fechas prior de San Clemente–, decidió iniciar unas excavaciones para sacar a la luz el antiguo templo de época paleocristiana que, gracias a diversas fuentes históricas, se sabía descansaba bajo los cimientos de la actual basílica. El padre Mullooly logró su objetivo, pero además hizo otros hallazgos que nadie esperaba. Además de los restos del templo paleocristiano del siglo IV, los trabajos detectaron otros dos niveles inferiores, uno correspondiente a casas romanas destruidas durante el incendio de Nerón y otro, más importante, correspondiente al siglo II. En este estrato intermedio, aparecieron una mansión donde al parecer se celebraron reuniones de cristianos primitivos y también un bloque de “apartamentos”, en el que aguardaba una sorpresa aún mayor: un spelaeum o santuario dedicado al dios Mitra, en el que los miembros de este culto mistérico celebraban sus ceremonias secretas y sus ritos iniciáticos.

            De los variados cultos mistéricos que florecieron en época grecorromana (como los de Eleusis, Dionisios, la Magna Mater o Isis), el más singular y misterioso de todos ellos fue, sin duda alguna, el mitraísmo. Las llamadas “religiones de Misterios” se caracterizaban por ser cultos de carácter esotérico e iniciático, en los que se celebraban ritos secretos cuyas enseñanzas sólo podían ser aprendidas por los iniciados. Por desgracia, los detalles concretos sobre los rituales, iniciaciones y doctrinas de estos cultos son en la mayoría de los casos muy escasos, en gran medida a causa del carácter esotérico y secreto de dichas prácticas. En el caso del mitraísmo, esta ausencia de información es mucho más acusada, pues los especialistas únicamente cuentan con referencias difusas y poco fiables recogidas en muchos casos por autores cristianos que atacaban sin piedad las creencias y prácticas mitraicas, que se iniciaron en torno al siglo I a.C. y tuvieron su mayor apogeo a finales del siglo II y comienzos del III, para desaparecer por completo en las postrimerías del siglo IV.

            Por este motivo, los historiadores de las religiones cuentan únicamente con la iconografía reflejada en las obras de arte encontradas en algunos mitreos para intentar develar el contenido religioso y las doctrinas del mitraísmo. Pese a las dificultades, los investigadores han logrado reconstruir, con cierta fiabilidad, el relato mitológico asociado a Mitra, y con él las posibles ceremonias realizadas en estos santuarios.

            Según dicha mitología, Mitra –representado como un joven tocado con un gorro frigio y provisto de un puñal– habría nacido de una roca, tal y como representan numerosos relieves, como el conservado en uno de los nichos del mitreo de San Clemente. Siguiendo órdenes del dios Apolo enviadas por un cuervo (uno de los animales que aparece representado siempre junto a nuestro protagonista), Mitra recibió el encargo de encontrar y sacrificar a un toro que poseía el don de la fertilidad y la vida.

            Cuando finalmente lo localiza, Mitra consigue dar muerte al animal, derramando su sangre vivificadora sobre la Tierra, llenándolo todo de vida. Al olor de la sangre, otros animales acuden al encuentro de la bestia moribunda: un perro, una serpiente y un escorpión (este último suele ser representado agarrando con sus pinzas los testículos del toro) Esta escena de la muerte del toro, conocida como tauroctonía, aparece una y otra vez en todos los mitreos hallados hasta la fecha.




Tras el sacrificio, Apolo se unió a Mitra para celebrar la victoria, festejándola mediante un banquete. Este punto del relato parece ser uno de los momentos importantes de los cultos mitraicos, pues en los santuarios –como es el caso del triclinium de San Clemente– suelen encontrarse bancos corridos de piedra a ambos lados del altar, que al parecer eran ocupados por los iniciados durante la celebración de un banquete ritual. Después de la celebración, las escenas de las piezas de arte mitraico representan a Mitra subiendo a un carro con Apolo, siendo transportado directamente a los cielos.

            Junto a este carácter fertilizador de Mitra, los especialistas coinciden en señalar que estos Misterios tuvieron un fuerte simbolismo cósmico. Esto es especialmente detectable en la forma y disposición de los propios mitreos, siempre recintos en forma de caverna subterránea, con techos abovedados, que aluden sin duda al Cosmos. Este mensaje está remarcado en muchos mitreos, como ocurre en San Clemente, pues la bóveda aparece decorada con estrellas –hoy muy difuminadas– que representan el firmamento. En otros casos, los astros aparecen plasmados en la túnica del propio Mitra.




Vista interior del mitreo de San Clemente (Roma).
            
Por otra parte, muchos relieves mitraicos muestran, además de la habitual tauroctonía, la representación de dos figuras masculinas que portan antorchas: Cautes y Cautopates. El primero sostiene la antorcha apuntando hacia arriba, simbolizando el “ascenso” del sol que se inicia con el solsticio de invierno, mientras que el segundo señala con su antorcha hacia abajo, representando el solsticio de verano y el comienzo del “declive” del sol, con el que Mitra –dios de luz– se identificaba.



En otras ocasiones, Cautes y Cautopates van acompañados de un toro y un escorpión, representando entonces las fechas de los equinoccios. A todos estos detalles hay que sumar representaciones del sol y la luna, además de los doce signos del zodíaco.


            En función de estas escenas y siguiendo la historia mitológica reconstruida gracias a la iconografía, los investigadores concluyeron que Mitra era considerado el dios responsable del movimiento de las estrellas, y que su hazaña del sacrificio del toro permitió la fertilidad, regeneración y revitalización del Cosmos, como parece demostrar una frase descubierta en otro mitreo, el de Santa Prisca: “Y él nos salvó mediante el riego de la sangre eterna”.

            Durante décadas, tal ha sido la interpretación defendida por la mayoría de lo historiadores. Sin embargo, en las últimas décadas del siglo pasado, varios profesores universitarios plantearon una hipótesis fascinante. En 1989 uno de ellos, el orientalista David Ulansey, publicaba un artículo en la revista Scientific American, en el que defendía que las representaciones de la tauroctonía, como la que puede contemplarse en San Clemente, eran en realidad un “mapa estelar” en toda regla.

            Según Ulansey, el sacrificio del toro no representa un episodio puramente mitológico, sino un fenómeno astronómico cuya existencia se descubrió, precisamente, coincidiendo con la aparición del culto mistérico de Mitra: la precesión de los equinoccios. La precesión de los equinoccios consiste en que el eje de rotación terrestre sufre una especie de “bamboleo” lo que motiva que el ecuador celeste se “bambolee” también, provocando un alteración de la posición relativa del ecuador y la eclíptica (la línea imaginaria que recorre el sol durante un año respecto del fondo de “estrellas fijas”). Por este motivo, cada año, el equinoccio se produce un poco antes. Se trata de un proceso muy lento, que tarda en completarse algo más de 25.000 años, pero que cambia irremediablemente el aspecto del firmamento. Así, según Ulansey, aunque en la actualidad durante el equinoccio de primavera el sol se encuentra en la constelación de Piscis, en época romana estaba en Aries y, en torno al 2000 a.C., se encontraba en Tauro. Y ahí, según el estudioso estadounidense, está la clave de la tauroctonía representada en San Clemente y, por consiguiente, el secreto de los Misterios de Mitra.

            Aproximadamente hacia el 125 a.C., Hiparco de Nicea descubrió la precesión de los equinoccios. Vio que la esfera de las “estrellas fijas” se “bamboleaba” y determinó que algo o “alguien” era el culpable. En opinión de Ulansey y los defensores de esta hipótesis, Mitra sería dicha fuerza: un nuevo dios tan poderoso que era capaz de “mover” el universo. Pero, ¿en qué se apoya exactamente Ulansey para defender la “teoría estelar”? Si nos fijamos en las imágenes de la tauroctonía con los datos ofrecidos por Ulansey, los animales y los objetos allí representados adquieren otra lectura: el toro, el perro, la serpiente, el escorpión, el cuervo,  el propio Mitra e incluso una copa y el león que también aparecen en ocasiones sería representaciones de las constelaciones de Tauro, Canis Minor, Hidra, Escorpio, Corvus, Perseo, Crater y Leo.

            Excepto esta última, todas estas constelaciones se hallaban en el ecuador celeste cuando el sol se encontraba en Tauro durante el equinoccio de primavera, en torno al 2.000 a.C. De este modo, según Ulansey, la tauroctonía significaba “el fin del reino del toro (Tauro) como la constelación del equinoccio de primavera y el comienzo de una nueva era. Las otras figuras de la tauroctonía representan todas las constelaciones cuya especial posición en el cielo también terminó por la fuerza de la precesión. Matando al toro, Mitra estaba moviendo todo el Universo.





Aunque algunos autores, como el experto Walter Burkert, no ven clara esta interpretación, la hipótesis “estelar” cuenta con otras evidencias notables que la apoyan. De hecho, los estudiosos saben perfectamente que la astrología jugaba un papel importante en muchos iniciados en el mitraísmo. Así se desprende, por ejemplo, de varias inscripciones encontradas en distintos mitreos. En una de ellas un iniciado es recordado como studiosus astrologiae (estudioso de la astrología), mientras que en otra, un Pater (el grado más alto dentro de los Misterios mitraicos) llamado Nonius Olympius es descrito como “devoto del cielo y de las estrellas”.[1]

            En definitiva, lo más probable es que las distintas lecturas iconográficas de las obras mitraicas sean a un mismo tiempo correctas y complementarias, tal y como señala la historiadora italiana Luisa Musso: “Un intento por leer la tauroctonía revela una imagen con muchos significados, que puede ser entendida a distintos niveles. De una forma u otra, y mientras avanzan las investigaciones, lo único seguro es que este misterioso culto desapareció a finales del siglo IV, víctima de sus propias características y del creciente poder de su gran enemigo: el cristianismo. El éxito de los seguidores de Cristo terminó por sepultar –en el caso del mitreo de San Clemente de forma literal– a los Misterios de Mitra, cuyos secretos continúan hoy lejos de haber sido develados por completo.






[1] Los siete grados de los misterio mitraicos eran los de Corax (Cuervo), Nymphus (esposo o novio), Miles (soldado), Leo (león), Perses (Persa), Heliodromus (emisario del sol) y, finalmente, Pater (el padre)

lunes, 23 de enero de 2017

El elefantito de Bernini (por Alba Perez Romero)





















En Roma hay trece obeliscos, ocho de los cuales proceden del Antiguo Egipto. Detrás del Panteón, en la plaza de Santa Maria sopra Minerva se encuentra uno relativamente pequeño, traído desde Heliópolis en tiempos de Diocleciano y descubierto en 1655, que forma parte de un conjunto singular. En efecto, Bernini, a requerimiento del papa Alejandro VII, diseñó para este obelisco una base en forma de elefante, realizada posteriormente por su discípulo Ercole Ferrata. Por cierto responde esta obra al gusto barroco por la sorpresa y el efecto, así como por los contrastes (la forma viva del elefante sosteniendo la potente materia del obelisco, la textura del mármol y la del granito), pero además la obra encierra otro simbolismo. Pues el elefante es símbolo sapiencial y de erudición en numerosas culturas, y este rol metafórico queda explicitado en el texto de la base, donde explícitamente se asocia al elefante con la "mente robusta" que sostiene el obelisco como "sabiduría sólida". (se precisa una mente robusta para sostener una sabiduría sólida)

Un par de detalles curiosos: 
- En un principio, para realizar el monumento, se llevó adelante un concurso, en el que Bernini resultó triunfador frente a un padre dominico (encontrándose la sede de dicha orden en esta plaza). 
- Derrotado, el sacerdote en cuestión habría influido sobre la aprobación papal del diseño de Bernini, obligándolo a incluir un antiestético cubo para soportar el obelisco, que Bernini procuró disimular con el elaborado manto del paquidermo en cuestión. 
- En venganza, Bernini habría alterado la cola del animal, que en vez de caer verticalmente, ondula hacia un costado, y apunta nítidamente hacia el establecimiento de los dominicos, (ejem ...)