jueves, 2 de abril de 2020

Una paleta cosmética de hace más de 5000 años (por Alba Perez Romero)


Esta paleta para cosméticos egipcia realizada en esquisto verde tiene más de 5000 años. Se la conoce como la “Paleta de Narmer”, data aproximadamente del año 3100 antes de Cristo, fue hallada en el yacimiento arqueológico de Hieracómpolis, y actualmente constituye una de las piezas más preciadas del Museo del Cairo. Por qué? Pues porque ella constituye uno de los llamados “documentos de la unificación”, que revelan iconográficamente la unión política y militar del Alto y Bajo Egipto llevada a cabo en Abydos con Narmer como monarca, que sería de este modo el fundador de la primera dinastía faraónica.



Observemos la iconografía de la pieza. En la parte superior de ambas caras de la paleta, a izquierda y derecha del “serekh” con el nombre de Narmer (combinación de las imágenes del molusco y la copa) aparece representada la diosa Bat, y seguidamente, la decoración se organiza de modo tal que el rey aparece representado en total cuatro veces: dos en forma humana y dos en forma animal.



De un lado, el anverso, aparece en forma humana con la corona roja del Bajo Egipto y presidiendo una procesión de carácter militar que se dirige hacia una serie de enemigos decapitados. Y como animal aparece en forma de toro “que embiste enemigos y destruye fortalezas”. Entre ambos registros, en el sector central, dos serpopardos (animales fantásticos mitad felinos y mitad serpientes de clara influencia mesopotámica), entrelazan sus cuellos formando el círculo que servía para la mezcla de cosméticos.




En el reverso de la paleta, en un registro amplio, tenemos al rey representado en forma humana con la corona del Alto Egipto en el conocido motivo de la masacre del enemigo, que aquí recibe su forma canónica y definitiva, describiéndose tales enemigos derrotados en la base de la paleta. Detrás del rey se advierte un personaje de menor tamaño que sostiene un par de sandalias (el rey está descalzo) Y también tenemos representado al rey en forma animal bajo la figura de un halcón que sujeta a una personificación del delta (la Tierra de los Papiros)






lunes, 30 de marzo de 2020

El viento de Trieste, de la lata al museo (por Alba Perez Romero)




Trieste es la ciudad del viento Bora, un viento característico que sopla desde las montañas hacia el golfo y cuya magnitud suele ser tal que las autoridades municipales colocan sogas en las calles para que la gente pueda desplazarse sin salir “volando”.  




Una rosa de los vientos ubicada al final del muelle conocido como Molo Audace ubica la Bora entre otros vientos célebres. 






Habría acaso alguna posibilidad de transformar este viento en oportunidad de negocio? Pues los dueños de una pequeña librería especializada en guías turísticas y libros de viajes, encontraron una opción curiosa, original y lucrativa, en el rubro "souvenir". 

Y asi fue como la Bora fue convertida en "producto enlatado". La "Bora en scatola" se convirtió en souvenir exclusivo, en cinco variedades, bajo los títulos:


- Ráfagas seleccionadas
- Unica y original
- Poderoso antiniebla
- Ideal para regatas, y
- Para cambiar de aire  

  



(Por supuesto, no podemos dejar de preguntarnos cuál habrá sido la expresión del burócrata de turno a la hora de definir la aplicabilidad de las normas sobre rotulado de latas sobre estas cinco variedades del viento en cuestión ...)  

Pero no fue ésta la única idea de estos inteligentes emprendedores, quienes inmediatamente encararon un nuevo proyecto que conduciría a la creación del Museo del Viento de Trieste.

Ubicado en Via Belpoggio 9, este peculiar museo se organiza en amenas secciones cuyos objetos abarcan las más diversas áreas científicas, culturales o artísticas relativas a "la Bora". 

Ingeniosamente concebida, la exhibición abarca desde elementos referidos a Eolo (dios de los vientos de la mitología griega y del cual Bora sería hija), a una muestra de molinitos, veletas y hasta espantapájaros "eólicos" procedentes de Bali o Eslovenia, infinidad de fotografías y testimonios, modelos de las cuerdas que se colocan para oficiar de sostén en los días en que el viento es particularmente impetuoso, y muy especialmente, una sorprendente colección de Vientos del Mundo, obsequiados por visitantes apasionados y que se preserva en pintorescos "contenedores individuales prolijamente etiquetados"




domingo, 29 de marzo de 2020

Una Vespa decorada por Dali (por Alba Perez Romero)






Notable. Uno de los modelos más valiosos de la famosísima marca italiana de scooters Vespa fue fabricado en España, decorado por uno de los pintores españoles más famosos del siglo XX, y conducido por todo el mundo por dos jóvenes españoles. 

En efecto, en 1962, un par de estudiantes universitarios, Antonio Veciana y Santiago Guillén, inspirados por una película basada en la celebre novela de Jules Verne "La vuelta al mundo en 80 días" decidieron emular a su protagonista, Phileas Fogg, y realizar análogo recorrido a bordo de esta Vespa, registrada legalmente en Albacete y a la cual, en homenaje a la amada ideal del Quijote cervantino, apodaron "Dulcinea".    .


Con el auspicio de la fábrica italiana y de la aerolínea británica BOAC (British Overseas Airways Corporation) que los trasladaría por vía aérea en los tramos marítimos que así lo requiriesen, los jóvenes partieron rumbo a Francia, pero antes se detuvieron en Cadaqués, donde residía el pintor surrealista Salvador Dalí, quien decoró el vehículo e inscribió en él su nombre y el de su esposa y musa inspiradora Gala. 



Los nombres de Gala y de Dalí así inscriptos en la máquina transitaron más de 40.000 kilómetros en un recorrido que abarcó 17 países hasta retornar a Madrid, 79 días después, justo para el 12 de octubre, Día de la Hispanidad.  Igual que Phileas Fogg en la novela, ellos también habían ganado un día viajando hacia el Este. 

Poco después Veciana y Guillén escribirían un libro relatando su viaje. La moto, por su parte, está expuesta en el Museo Piaggio de Pontedera, a apenas 30 km de Pisa.


domingo, 26 de enero de 2020

Wallada, princesa y poetisa. (por Alba Perez Romero)

Cinco retratos de mujeres llenan las paredes de la Sala de las Mujeres de la Casa de Sefarad, en la ciudad de Córdoba, España. Son obra del pintor contemporáneo José Luis Muñoz y se percibe en ellos una peculiar estética que evoca tanto el simbolismo como el renacimiento. 




Y una de las mujeres retratadas por Muñoz es Wallada, princesa de la dinastía Omeya, toda una mujer "fatal", bella, culta e independiente, famosa por su tormentoso idilio con el poeta Ibn Zaydun, máxima figura de la lírica amorosa de su tiempo. Y ese "tiempo" se remonta a mil años atrás, en plena Edad Media, y hacia la misma época que la poesía trovadoresca también "arrasa" en las cortes de Occitania.






Wallada, “la que alumbra”, era en efecto hija del califa omeya de Córdoba con una esclava cristiana. Rubia, de piel clara y ojos azules, Wallada ama la poesía, y borda sus versos  en las orlas de sus túnicas con hilos de oro. Al morir asesinado su padre, y con apenas 17 años, adviene su única heredera, lo que le brinda la posibilidad de abrir un salón literario donde las competencias poéticas entre hombres y mujeres desafían las convenciones sociales de la época. Allí, justamente, en uno de esos certámenes, lo que empezó como un choque de vanidades con Ibn Zaydun, un intelectual elegante y atractivo, se transformará rápidamente en un amor tempestuoso, reflejado por los recíprocos poemas que se dedican los amantes, y que relatan la historia desde la impetuosa sensualidad de su amor inicial hasta la traición de Ibn Zaydun, y la cárcel y el exilio que sufrirá en consecuencia.



Unos 350 metros más al sur, en dirección hacia el Guadalquivir, el Monumento a los Amantes, levantado en 1971, representa tan solo con la forma de dos manos que apenas se rozan, los placeres y desdichas del amor. Un poema de Wallada y uno de Ibn Zaydun, ambos en castellano y en árabe, evocan su romance, versificado con pasión, hace más de mil años.





domingo, 17 de noviembre de 2019

Las cigarras, simbolos de Provenza (por Alba Perez Romero)

Las ruidosas (y asumámoslo, bastante feúchas) cigarras, constituyen todo un símbolo de la región de Provenza. y su versión decorativa constituye uno de los souvenirs tradicionales para los visitantes.


Según los habitantes de la región, las cigarras fueron enviadas por Dios para despertar a los campesinos de sus siestas (podemos imaginar unas siestas “post-bouillabaisse” por ejemplo!) como para que de ese modo dejaran de holgazanear y se abocaran nuevamente a sus tareas. Pero parece que el plan no resultó, en vistas de la expresión, también típica, “No es bueno trabajar cuando la cigarra canta”.

Buena parte de las cigarras decorativas provenzales llevan el texto “Lou soulei mi fa canta” (“el sol me hace cantar”), epigrama creado por el Premio Nobel de Literatura Fréderic Mistral, (célebre asimismo como promotor de la lengua provenzal), quien acuñó la frase hoy presente en múltiples “souvenirs”. Entre ellos cabe subrayar dos, creados por el ceramista Louis Sicard: un pisapapeles, representando una cigarra sobre una rama de olivo sobre la cual se inscribe el epigrama de Mistral. y un “regalo empresarial” consistente en una especie de “vasos de pared”, obviamente con forma de cigarras que pueden rellenarse con flores o hierbas.

jueves, 22 de agosto de 2019

El rubí del príncipe negro, una espinela nazarí (por Alba Perez Romero)

El rubí del Príncipe Negro. Tal el nombre con el que se conoce la magnífica piedra de 170 quilates que desde 1838 se encuentra engarzada al frente de la Corona Imperial del Reino Unido, objeto que por cierto puede admirarse dentro del conjunto de insignias reales de la corona británica en la Torre de Londres y que sólo es usada a la conclusión de las ceremonias de coronación y anualmente para la apertura de las sesiones del Parlamento. 


Pero en realidad, punto 1, no es un rubí, y punto 2, su historia va mucho más allá de 1838, y los lugares y dinastías que conecta van desde Afganistán o Tailandia a Granada y Sevilla, de los sultanes nazaríes a la rama castellana de la casa de Borgoña, y de los Plantagenet a la guerra de las dos Rosas, los Tudor y Victoria de Hanover.
Vamos al relato. Dijimos que no es un rubí. Entonces qué es, con ese rojo tan intenso? Una espinela, una piedra semipreciosa, de variados tonos, de los cuales el rojo era el más admirado en la Edad Media, y cuya historia se pierde en la leyenda, en lugares tan lejanos como lo que hoy son Myanmar (Birmania) o Tailandia o más probablemente, las montañas de Afganistán. Y no es la única espinela célebre. Hay otra, igualmente magnífica, de origen chino, engarzada en la corona imperial rusa diseñada para la coronación de Catalina II en 1762 (y que también puede admirarse en el Fondo de Diamantes de la Armería del Kremlin en Moscú)

Pero volvamos a nuestro “rubí” del Príncipe Negro. Como sea, a mediados del siglo XIV la piedra aparece entre las joyas del reino nazarí de Granada, y aquí empieza una historia que comprende exilios y asesinatos, alianzas y traiciones. 

En efecto, en 1354 en Granada, en cuya Alhambra residían los monarcas nazaríes, Mohammed V es depuesto y reemplazado por Ismael II. Pero poco después Ismael II es asesinado por su propio cuñado, quien asume el poder como Mohammed VI, apodado, por ser pelirrojo, “El Bermejo”. Mohammed V resuelve entonces emprender la recuperación de su trono y entonces ahora es Mohammed VI quien parte con rumbo hacia la corte de Pedro I de Castilla, llevando entre otras joyas, este rubí, a fin de requerir su protección. 
Pero resulta que Pedro I ya había comprometido su ayuda a Mohammed V, con lo que, habiéndose presentado en el Alcázar de Sevilla (donde residía Pedro), Mohammed VI y su séquito terminan asesinados y las joyas en poder de Pedro I y por ende, de la Casa de Castilla, rama cadete del ducado de Borgoña.
Salon de los Embajadores del Alcazar de Sevilla, residencia de Pedro I el Cruel 




Pero no eran solo los nazaríes de Granada los que atravesaban épocas turbulentas. El propio Pedro, por ejemplo, tenía dos frentes: el externo con Pedro IV de Aragón y el interno, con su propio hermanastro bastardo, Enrique de Trastámara, empeñado en arrebatarle el trono. Todo ello, por cierto, además, dentro del contexto general de la guerra de los cien años entre Inglaterra y Francia. 
Enrique tenía buenas conexiones con los franceses, que a su vez apoyaban a Pedro IV de Aragón, pero Pedro I de Castilla tenía las suyas con los ingleses, y particularmente con el llamado Principe Negro, que era el hijo mayor de Eduardo III de Inglaterra, de la dinastía Plantagenet. (En realidad el apodo de Principe Negro se le dio con posterioridad). Incluso la hermana del Principe Negro, Joan, había estado prometida en matrimonio a Pedro I, pero había muerto a causa de la peste en camino hacia Castilla en 1348. Y efectivamente, cuando Enrique de Trastámara y Pedro I de Castilla se enfrentaron en la batalla de Nájera en 1367, el Principe Negro acudió en auxilio de Pedro, quien le habría obsequiado el rubí a modo de agradecimiento y compensación, con lo que el rubí llega a Inglaterra. 

La batalla de Najera entre Enrique de Trastamara apoyado por los franceses y Pedro I de Castilla, por los ingleses, respectivamente. 


Estatuas orantes de Pedro I de Castilla y del Principe Negro Plantagenet

Para más datos, además, dos de las hijas de Pedro se casarán con los hermanos menores del Príncipe Negro, Constanza con Juan de Gante duque de Lancaster e Isabel con Edmundo de Langley duque de York. (y cuyos descendientes protagonizarán poco después la guerra de las dos rosas)

El rubí que no es un rubí, ya en Inglaterra, será portado tanto por el Príncipe Negro, como por Enrique V en la batalla de Agincourt en 1415 (con la corona sobre el casco) o Ricardo III en la de Bosworth en 1485, donde incluso se perdió. Será subastado en tiempos de la República y adquirido por apenas 4 libras esterlinas, y regresará luego a la propiedad de la corona hasta llegar a los tiempos de Victoria, donde será engarzado en la corona imperial. Desde entonces, la piedra parece haber encontrado un descanso luego de una intensa, violenta, agitada historia.

Una última nota de color (obviamente rojo). En algún momento, al “rubí” se le hizo una perforación con un taladro en la parte superior, para poder llevarlo como colgante. Actualmente este agujerito está “tapado” con un rubí auténtico, tal como se ve en esta última imagen.


lunes, 19 de agosto de 2019

Borgund, una iglesia con dragones (por Alba Perez Romero)

Existe un tipo de iglesia medieval propia de los paises nordicos, de la cual solo quedan actualmente 30 ejemplos, 28 de ellos en Noruega. (Hay una sola en Suecia y notablemente, una en Polonia, pero porque la iglesia fue trasladada a dicha locacion) 





Las stavkyrkye, tal su nombre, construidas en madera, con una técnica arquitectonica única, datan del periodo ubicado aproximadamente entre 1150 y 1350. Las dimensiones de estos edificios, incluyendo eventualmente una galería cubierta alrededor, suelen ser modestas, ya que se trataba de construcciones esencialmente rurales (y por ende para poblaciones poco numerosas), y en su decoracion es dable encontrar ecos vikingos, inscripciones en runas y decoraciones con entrelazados celticos o de tipo fantastico. Por ejemplo, la iglesia de Borgund presenta la particularidad de exhibir en su tejado unos estilizados dragones.